Sergio Burstein, LA OPINION.
Para cualquier amante de esa rama del pop latino que, aún siendo muy comercial, posee grandes méritos artÃsticos, lo que se vio y escuchó en el escenario del Anfiteatro Gibson la noche del miércoles fue memorable. Y es que no se trataba solamente de que se reunieron allà ocho de las figuras más populares y representativas de la escena hispanoamericana para ofrecer versiones irrepetibles de sus éxitos, sino que el ambiente estaba completamente cargado de emotividad, debido a que el evento estaba destinado a la recaudación de fondos para ayudar a las vÃctimas de las minas antipersonales en Colombia.
Colombia sin minas, este gran concierto profondos organizado por el popular Juanes, tuvo un significado moral muy especial, ya que si bien existen varias causas dignas de atención, no cabe duda de que ésta es una de las más necesitadas en el panorama latinoamericano, sobre todo si se tiene en cuenta que, como dijo la mexicana Salma Hayek en los minutos iniciales del show, tres personas al dÃa resultan afectadas por esta clase de explosivos, sembrados sobre todo en áreas campesinas como producto del agudo conflicto entre militares, paramilitares y guerrilleros.
Haciendo un gran uso del sentido dramático latino, las imágenes que se mostraron frecuentemente en las pantallas gigantes del local estuvieron destinadas a conmover a la audiencia sin reparos de ningún tipo, ya que recogÃan los testimonios de muchos niños que resultaron lisiados tras la detonación de los infames artefactos.
Pero la idea no era sólo identificarse con el sufrimiento de estos seres inocentes, sino también colaborar con su rehabilitación y, por supuesto, disfrutar con la música de los invitados, que asistieron al evento sin cobrar ni un centavo. Eso hizo, claro está, que no llegaran acompañados de sus agrupaciones completas y que ofrecieran siempre actuaciones acústicas; pero la diversidad de las propuestas y el entusiasmo de todos los participantes, tanto artistas como miembros de la audiencia, le dieron a la velada un sabor definitivamente histórico.
Es que no es cosa de todos los dÃas encontrar a Juanes y al español Alejandro Sanz interpretando a dúo Corazón partÃo, el mayor éxito comercial del segundo; observar al dominicano Juan Luis Guerra con un sombrero "vallenato", entonando estrofas completas de El amor de mi tierra, mientras que el creador de la pieza, Carlos Vives, lo miraba embelesado, sentado en el suelo del mismo estrado; o ver a todos los invitados juntos para un gran final en el que cantaron a viva voz la entusiasta letra de Ojalá que llueva café, del citado Guerra.
Siendo el organizador principal del evento, era natural que Juanes se llevara el mayor número de felicitaciones y que se convirtiera en el enlace natural entre los distintos artistas que recorrieron la tarima. Lo interesante es que el colombiano convocó no sólo a artistas de su paÃs, sino también a personajes procedentes de distintas naciones, aunque Ana Gabriel, que figuraba en el programa inicial, no participó por razones que no se dieron a conocer durante el espectáculo, lo que tuvo como consecuencia que la única personalidad mexicana en el estrado fuera Hayek.
Como buen anfitrión, Juanes empezó la velada con logradas versiones de Sueños (un tema que se relaciona con la situación de su paÃs) y La camisa negra, acompañado únicamente por un músico adicional que, tal como él mismo, llevaba una guitarra acústica en sus manos.
Pero el momento más notable de la noche fue sin duda la actuación de Sanz. Alternando el piano y la guitarra, el español se encontraba visiblemente emocionado, y plasmó todas esas sensaciones en espectaculares rendiciones de Lo ves y otras piezas con un profundo significado social, que lo llevaron, entre otras cosas, a cuestionar la necesidad de buscar un paraÃso extraterrenal cuando hay tanto que hacer en esta Tierra, asà como a preguntarse si era digno pertenecer a la especie humana.
Si Sanz representó lo más visceral de la noche, Carlos Vives puso la cuota de alegrÃa y carisma que caracteriza al vallenato, favorecido por la falta de amplificación eléctrica a la que recurre en sus shows habituales. Vives apareció acompañado de Egidio Cuadrado, el excelente acordeonista que actúa con él desde hace años.
Luis Fonsi le dio presencia a Puerto Rico con sendas versiones de Nada para siempre y Una mujer (dos temas de su más reciente producción, Paso a paso), pero pareció bastante fuera de lugar en el evento, porque sus letras no tienen orientación social alguna, además de que su canto y sus ademanes escénicos revelan a un artista mucho más interesado en las ventas que en los compromisos artÃsticos. Pero el mismo boricua se reivindicó con todo el auditorio al participar en una destacada versión de No me llames extranjero, una composición de Rafael Amor que lo encontró al lado del venezolanoargentino Ricardo Montaner.
Ya solo en la tarima, Montaner representó el regreso del buen humor y de la simpatÃa abierta en el espectáculo, con innumerables bromas ("Me he aprendido unas de Luis Miguel y de Ricky Martin, o sea que me las pueden pedir si se aburren") y un dominio vocal que no ha disminuido con el paso de los años. Hilvanando fragmentos de clásicos de la balada como Solo con un beso y Tan enamorados con el ritmo tropical de Vamos pa la conga, el artista mantuvo de pie a la audiencia, recurriendo incluso a un ingenioso chasquido de los dedos para que el público se mantuviera entretenido y cantara los coros de sus populares temas.
Juan Luis Guerra fue el único artista que apareció en la tarima con una guitarra eléctrica, aunque lo suyo no adoptó nunca un estilo rockero, sino que se mantuvo en el cauce apacible de la bachata modificada, con la interpretación de la recordada Bachata rosa y de su aproximación cristiana al merengue, plasma-da en el tema Las avispas, donde recibió el aporte guitarrero de Sanz y de su compatriota Antonio Carmona, del grupo de fusión Ketama.
La italiana Laura Pausini tampoco tiene una orientación precisamente social, pero su voz en vivo es tan espectacular que la exime de otras carencias, como lo demostró en una versión de Como si no nos hubiéramos amado que ponÃa la carne de gallina. Tras su acto personal, se reunió con Juanes y Fonsi para ofrecer una aceptable rendición de A Dios le pido.
Lo único que faltó fue la interpretación de FÃjate bien, canción de Juanes que habla especÃficamente de las minas, pero que, quizás, consideró demasiado deprimente. Y, claro está, faltó también Shakira.
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